PANCHO BEISBOL
En una ocasión caminaba por las calles de Barrio Obrero y en una de sus esquinas me topé con el viejo Pancho Béisbol, uno de esos personajes de pueblo que la saca de la manga como quiera.
Me gritó, diciendo, “Oyeeee Edwin Kakoooo, ven pa acá, me dicen que eres escritor e historiador del béisbol, pues mira te tengo una historia muy buena de servidor de cómo fue que aprendio la bendita temática del juego de béisbol”.
Heryyy, Pancho, que es de tu vida, le replique-todo bien Edwin Kako, me dijo-oye, siéntate, para que escuches como fue la cosa. De esa manera mire a mí alrededor y me senté en una paila de pintura que fungía como asiento para escuchar la tertulia de aquel señor rico en elocuencia y sabio de la vida.
Ya sentados, Pancho llamó a Junior Peluche (el hace mandados-siempre esta borracho), le dijo:---- Oye, vete a la tienda de Tito Misterio y cómprame seis cervezas, por favor, ahhh coge el cambio, no te quedes y ven rápido. Cada persona que pasaba por la esquina tenía que ver con aquel personaje, le gritaban de todo un poco.
Por ejemplo, un grupo de adolescentes pasó en un vehículo y le gritaron: “Oye, Pancho, viejo cocunnnn, báñate, cantoooo de puercooooo. Como un resorte el viejo en su defensa les vociferó al aire las palabras más indecentes que existen en el vocabulario de la calle.
Una mujer como de unas 300 libras pasó y le dijo a Pancho: “Oye Panchito, cariño, pasa esta nocheeee por casa que te tengo un regalito, wepaaaaaa, Pancho, y esa novia le replique-Edwin Kako tranquilo-me dijo Pancho-hay que defenderse con algo, esa gordita es mi pelota de vergueza.
Jajajajaja, ja, ja, comencé a reírme de tal manera que por poco tienen que llamar a una ambulancia para recogerme. Panchito me dijo: Mera Kakooooo, que pasaaa, no-te rías, si no quieres tu agua también. Aquello era un espectáculo digno de ver, podrán imaginarse, gritos por doquier y el viejo Pancho era el punto de aquella inigualable controversia.
Comenzó su parlamento diciéndome, oye, Edwin Kako muchas veces me preguntaba cuantos juegos necesitaría una persona para entender el maravilloso y bendito juego de béisbol. A menos que se sea un fiel creyente de este enredo del Tío Sam y se jacten de haber contado "bolas y strike" desde los tiempos de Matusalén.
Matusalén jamás asistió a un estadio de béisbol y no deja de ser para muchos un verdadero crucigrama alrededor de una bolita blanca y redonda que viene en una caja cuadrada, podrás imaginarte. Mira, no entendía por qué reemplazaban tanto la pelota y no jugaban con la misma todo el partido. Aunque me imagino que luego de ser santiguada una y otra vez con un baño de saliva por el lanzador, a ningún otro jugador le molestaría tan repetida idea.
Pancho interrumpe la narración, acaba de llegar Junior Peluche con las cervezas, oye Pancho-replica Peluche, me dijo Tito Misterio bien enfogonaooo, que pases por la tienda a pagarle la longaniza de cuenta que le debes y que cuando vayas, que por favor, te bañes-eso dijo el maldito usurero ese-replicó-Pancho-si eso, dijo Junior.
Peluche le entrega el paquete a Pancho y cuando este lo abre solo habían tres cervezas, oye Junior aquí faltan, aquí faltan-comenta Pancho-me bebí las otras le dice Junior y se fue a correr. Una avalancha de insultos de todos calibres se quedó con la esquina, viste Edwin Kako aquí nadie me respeta, sigamos con la historia.
En fin, te decía que una vez entra en juego la saturada pelota, lanzador en loma, receptor tras el plato y "umpire" en posición cantoral, comienza esta amalgama deportiva para martirio de todos aquellos aspirantes como yo, en ese momento, de conocer algo sobre el deporte rey.
Primer "Strike" para el gigante Goliat, "bola alta" para el enano Danny Devitto, ay mamitaaaa, será acaso la zona de strike apta sólo para jugadores de estatura promedio o tratase no más que un asunto arbitrario del hombre que viste de luto detrás del plato.
Personalmente creo que el conteo de "bolas" y "strike" no es el único punto controvertible en el susodicho juego. Un amigo de la infancia, que Billy Cosme, entrenador de béisbol, me decía: “ Viejo Pancho, él hallarle sentido y comprensión a este popular deporte me llevó a recurrir a los libros, no siendo mayor mi sorpresa el verme ahogado en un mar de estadísticas”.
Al igual que Billy, comencé a volverme loco Edwin Kako entre jeringozas como las k's, RBI, AVG y otras hierbas. Tuve que salir disparado en busca de una solución más sencilla a tamaño problema. Luego de innumerables intentos de asimilar esta notoria invención de los sobrinos del Tío Sam, logré acuñar en mi memoria de mosquito muchos de los términos beisbolísticos.
Que si planchas, el platos, los "fouls" y otras jeringazas, que aunque raras en mi intelecto beisbolero podrán ayudarme a pasar como el mejor de los eruditos en cualquier tertulia peloteril de callejón.
Pero el bochinche fue grande Edwin Kako fue cuando me decidí a entrenar mis nuevos conocimientos sobre béisbol. Me acuerdo como ahora, era viernes, me había llegado el cheque del Seguro Social, andaba blindado con lechuga verde, compre par caneca de ron (la escondí en las medias) con ligereza y no menos entusiasmo arranque para el Estadio Hiram Bithorn.
Este era mi primer juego de pelota, así como lo disfrutaría cualquier buen entendido en la materia. Para mi mayor vergüenza me percaté que los entendidos (a juzgar por la masa reunida allí) se contaban por miles (tal vez el único desentendido allí era yo y otro anciano que se encontraba en la primera fila).
No paso mucho tiempo cuando se cantó "Play Ball", la saltarina pelota entró a juego, con el lanzador en la loma (siempre pensé que la loma se trataba de un gran camello semi sepultado), el receptor tras el plato y el árbitro en su ya acostumbrada posición con un traje raro parecido al de los guerreros medieval.
Al paso de dos "strike" y dos bolas cantadas cual si fuera una opera ejecutada por Pavarotti en su mejor día, el corpulento uniformado que blandía amenazante el madero conectó con rabia para las gradas, casualmente cerca de donde yo estaba. La pelota picó sobre la cabeza del anciano de la primera fila y vino a tener justamente sobre mí.
Dios mío, que es esto, aquella masa humana regresó a su estado primate y rindiendo y se abalanzaron sobre mí sin misericordia tras la pelotita blanca. Parecía una reyerta de esas de lucha libre cuando todos los luchadores combaten dentro del Rin. No podía respirar, tenía toda la avalancha de gente sobre mi maltrecho cuerpo.
Con gran trabajo y muy poca ayuda logré incorporarme, mis lentes fueron a volar yo no se pa donde, mi zapato izquierdo por un lado y el derecho por otro. Mi Guayabera blanca que había comprado en el purguero de Río Pierda quedó estrujada como si un truck de la Sea Land le hubiera pasado por encima.
Ja, ja, ja ,ja, ja, ja, comencé a reírme, ayyyyyy, ayyyyy, ayyyyyy, no puedo más, me orino de la risa, el pensar de cómo quedó Pancho con toda esa gente encima, como una tostada acabada de hacer.
Mira Edwin Kako, cuando terminó el partido, me dirigí a mi casa en Barrio Obrero maldiciendo una vez más el béisbol. Camino a casa me enteré que el fatídico cuadrangular decidió la serie (vaya lo valioso de la codiciada esfera), poco me importaba un pito en comparación a lo que sucedía con mi quebrada osamenta.
Ya dentro de la seguridad de mi hogar tuve que recurrir al maravilloso Ben Gay, llame a mi vecina Chencha García para que me diera un sobito. Esta al verme, replicó: “ Waooo, Pancho donde te dieron esa pela, mulato, te ves bien mal, mira Chencha acaba y dame el sobito, mi amorrr, jajajajaja.
Chencha hizo un buen trabajo, luego del sobito, mi triturado cuerpo fue a dar con urgencia contra la blandura de mi confortable colchón. Mira Edwin Kako, más grande fue mi sorpresa al encontrar en mi bolsillo izquierdo la blanca y saturada pelotita.
De más esta expresar que quedé patidifuso, y que al momento de intentar articular palabra alguna ante tan preciado hallazgo, solo pude gritar a viva voz: "ARRIBA EL BEISBOLLLLLLL COÑOOOOOOO”
EDWIN KAKO VAZQUEZ
ESCRITOR E HISTORIADOR DEPORTIVO
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